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PELEA FAMILIAR POR EL PODER
Eskenazi, la disputa interna
El protagonismo adquirido por Sebastián genera roces dentro del seno familiar. En los papeles es quien tiene mayor poder, y en la práctica, el preferido de su padre. Las luchas por la sucesión
Los Eskenazi son una familia numerosa y, sin duda, una de las poderosas del país. Entre otras actividades se dedican a dos de los negocios más rentables: por un lado, la explotación de gas y petróleo, y por otro, la administración bancaria. Sus relaciones con la dirigencia política siempre fueron buenas, sin embargo, con el desembarco del kirchnerismo llegó la época de mayor prosperidad. A pesar de esto, como en toda típica familia, existen internas por el control del poder y peleas entre hermanos por la sucesión al frente de las empresas.

El clan es dueño del 14,9 por ciento de las acciones de YPF, y planea adquirir otro 10 por ciento antes de fin de año. Además, tienen la administración de tres bancos: el de Santa Cruz, el de San Juan y el de Santa Fe. A esto se suma una decena de empresas.

El mentor de este imperio es Enrique Eskenazi, el ingeniero químico nacido en la provincia de Santa Fe a punto de cumplir 85 años. Enrique conoció a su esposa, Sylvia Storey, a los 31 años. Ella es católica y él judío; sin embargo, esto no fue impedimento para que se casaran. Sylvia es hija de una alemana. Su padre era un destacado diplomático inglés. Durante muchos años vivieron en Estados Unidos.

Enrique y Sylvia tuvieron cinco hijos: Esteban, Ezequiel, Sebastián, Matías y Valeria. Los problemas entre los hermanos comenzaron de grandes, más precisamente cuando el grupo Petersen (la empresa familiar y más importante) logró quedarse, en una inusual operatoria, con el 14,9 por ciento de las acciones de una de las empresas petroleras más importantes del mundo: YPF SA.

El protagonismo de Sebastián en la operatoria hizo que su padre depositara toda su confianza en el tercero de sus hijos, dejando relegados a los demás. Las internas no tardaron en llegar. Posteriormente, la asamblea de accionistas de YPF resolvió ampliar el directorio de la compañía y designó a Sebastián vicepresidente ejecutivo y gerente general, el cargo más alto dentro de la compañía.

Pese a tener el apoyo del padre, los manejos de Sebastián no conformaron a la totalidad de los hermanos. A mediados de los ‘90 una fuerte discusión por problemas de dinero y poder dio comienzo a una pelea con Esteban, el hermano mayor, y es el día de hoy que siguen sin dirigirse la palabra. La pelea suele resurgir cada 1° de agosto, cuando Enrique reúne a su familia para festejar su cumpleaños, por lo general, con un viaje grupal.

El hermano mayor quedó fuera de los negocios del grupo y, de hecho, es el único de los Eskenazi varones que no tiene participación en Petersen Energía. Sebastián y Matías tienen el 38 por ciento cada uno y son directores titulares de YPF. Ezequiel posee el uno por ciento y detenta el puesto de di-rector suplente. El restante 23 por ciento quedó a nombre de Enrique. Valeria, la menor de los hermanos, tampoco figura.

La Tecla hizo un relevamiento por las empresas que manejan y donde figuran los hijos de Enrique Eskenazi. Del análisis del mismo se desprende la gran diferencia que existe entre Sebastián y el resto de sus hermanos.

Esteban Eskenazi, nacido el 26 de noviembre de 1958, licenciado en sistemas y divorciado, es el mayor de los hermanos y no forma parte del grupo Petersen. Como se mencionó, disputó con Sebastián el control efectivo de la empresa familiar, pero Enrique le dio el visto bueno a Sebastián y Esteban se quedo sin nada. Formó su propia empresa, dedicada a la informática, Virtual Web Bureau SA, y administra una empresa de tableros informáticos denominada Storey SA.

Ezequiel Eskenazi, nacido el 30 de agosto de 1960, es empresario, soltero y el bohemio de la familia. También es actor. Hace años participó en la obra Marilú, en el teatro San Martín. También le dieron un papel coprotagónico en la película Highlander. Es accionista minoritario y director suplente del grupo Petersen Energía, vicepresidente de la firma agropecuaria Agro Franca SA, director titular de Petersen Thiele y Cruz SACM, director suplente de YPF SA, director suplente de la empresa Los Boulevares SA y vicepresidente de Santa Sylvia SA.

Sebastián Eskenazi, empresario, nació el 20 de agosto de 1963. Es divorciado y actualmente está en pareja con la conductora Analía Franchín. Es el sucesor real de su padre. Es accionista y vicepresidente de Petersen Energía, accionista y gerente general de YPF SA, director del Nuevo Banco de Entre Ríos, director del Banco de San Juan, presidente y propietario de la Red Link, socio de November SA, presidente de la empresa Mantenimientos y Servicios SA, vicepresidente y accionista de Petersen Thiele y Cruz, director de Petersen Inversiones, presidente de Arroyo Lindo, vicepresidente primero del Banco de Santa Cruz, gerente general de Marviol SA y director del Complejo Industrial Pet Cipet SA. Tiene, en efecto, más cargos que su padre.

Matías Eskenazi nació el 25 de mayo de 1968, es empresario y está casado. De los hermanos es el de más bajo perfil. Comparte formalmente el poder con Sebastián pero, en la práctica, antes de decidir lo consulta en todo. Es director adjunto de YPF SA, presidente de Estacionamientos Buenos Aires SA, director suplente del Nuevo Banco de Entre Ríos, director del Banco de San Juan y gerente general de Administradora San Juan.

Valeria Eskenazi es la menor, la única mujer y la niña mimada de todos. Está casada y estudia. Por decisión propia no forma parte del grupo, a pesar de que figura en varias empresas. Es directora suplente de Aero Storey, directora suplente de Agro Franca y directora suplente de Santa Sylvia.

Las diferencias de poder entre los hermanos Eskenazi es más que evidente. Los allegados de la familia comentan que si “Enrique decidiera apartarse de los negocios, Sebastián pasaría a ocupar su lugar”. Aseguran “que es el preferido del padre” y reconocen que “tiene capacidad para hacerse cargo de la situación”. Lo cierto es que en los papeles Sebastián tiene la mayoría de las acciones de las empresas familiares. Si bien la legislación argentina no permite desheredar a ninguno de los hijos, distinto es este caso, en el que diferentes porcentajes de acciones figuran a nombre de los hermanos.


Lea la nota completa en la versión papel de La Tecla.
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