El Festival de Cine reabre las disputas de poder en el mapa local
La 41ª edición volverá a anunciarse desde la Ciudad de Buenos Aires bajo el esquema de gestión compartida. La frágil situación del EMTURyC obliga a oficialistas y anima a opositores a definir sus estrategias en un evento que medirá el músculo territorial hacia 2027.
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La cuenta regresiva para la 41ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, pautada entre el 5 y el 15 de noviembre de 2026, comenzó a desandar un camino repleto de lecturas políticas. Tras una histórica versión en 2025 donde el lanzamiento oficial se realizó exclusivamente en suelo marplatense para subrayar el protagonismo de la comuna, la organización decidió trasladar nuevamente el anuncio principal a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), con una presentación formal en el Palacio Libertad. Más allá de los aranceles de participación, la grilla proyectada y los homenajes institucionales con los premios Astor Piazzolla, el certamen desembarca en medio de un clima de reacomodamiento de fichas y puja por el poder territorial.
La conducción política del municipio encuentra hoy a Agustín Neme al frente del Ejecutivo de General Pueyrredon tras la salida bajo licencia de Guillermo Montenegro, quien pasó a ocupar una banca en el Senado de la Provincia de Buenos Aires. En este nuevo mapa local, el certamen cinematográfico —el único de Clase A en Latinoamérica junto a citas como Cannes o San Sebastián— funciona como el primer gran examen de gestión internacional para la administración provisional de Neme. Sin embargo, el foco de la tensión no está únicamente en el despacho principal del Palacio Municipal, sino en las oficinas del Ente Municipal de Turismo y Cultura (EMTURyC), donde el desembarco formal de La Libertad Avanza (LLA) al gabinete local viene generando roces y desconfianzas cruzadas con el resto del oficialismo.
El desempeño de Diego Juárez como titular del ente se consolidó como el flanco más expuesto de la coalición gobernante. Designado en diciembre de 2025 para suceder a Bernardo Martín (CC), la gestión de Juárez acumula cuestionamientos que exceden los reparos habituales de las bancadas opositoras. En los pasillos del Concejo Deliberante y del propio Palacio Municipal se escuchan reproches dirigidos hacia su conducción, a la que achacan problemas de coordinación logística y falta de muñeca política para gestionar el área. Ante este escenario, la ejecución presupuestaria, el despliegue operativo y los resultados del festival representan para Juárez un desafío abismal: un paso en falso profundizaría los reclamos internos de sus socios de coalición para revisar la representación libertaria en el esquema municipal.
Por su parte, el modelo de co-organización implementado el año pasado mantiene su vigencia institucional. La estructura enlaza al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), presidido por Carlos Pirovano, con el municipio y la Fundación Global, conducida por Fernando Álvarez en representación de un entramado de 150 empresas del sector privado. Desde la conducción del INCAA ratificaron el objetivo de sostener un formato autosustentable que reduzca la carga sobre las arcas del Tesoro Nacional. Sin embargo, la bajada a la realidad marplatense evidencia fisuras provocadas por el choque entre la lógica de ajuste libertaria y la dinámica política del oficialismo local.
En este marco de fricciones dentro del frente gobernante, los bloques opositores se posicionan atentos para capitalizar cualquier eventual desacierto organizativo. La discusión por los fondos del Fondo de Promoción Turística y el impacto del certamen en la economía local vuelven a la agenda. Con la mirada puesta en el horizonte electoral de 2027, la 41ª edición del Festival de Cine trasciende el ámbito cultural para erigirse en un tablero directo donde las distintas fuerzas medirán volumen, alianzas e impacto público en la vidriera más cotizada de la ciudad.