Patricio Lons: "No veo un proyecto de civilización y desarrollo en nuestra provincia"
Entre avances democráticos, tensiones provinciales y un nuevo orden global, el historiador Patricio Lons ofrece una mirada integral sobre los procesos que moldean la Argentina contemporánea.
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La Argentina transita febrero de 2026 en un contexto de consolidación institucional que varios especialistas destacan como un hito histórico. El país completa su sexto mandato presidencial consecutivo ejercido íntegramente según la Constitución, con una alternancia ordenada que se repite por cuarta vez. Esta secuencia, inédita en la historia reciente, contrasta con ciclos previos marcados por interrupciones y crisis.
En el plano nacional, el gobierno de Javier Milei sostiene un programa de fuerte ajuste económico cuyos efectos muestran contrastes. La inflación se redujo de manera pronunciada respecto de los picos 2023-2024, el riesgo país perforó los 500 puntos por primera vez en años y el cepo cambiario quedó desactivado. Sin embargo, la recuperación económica es dispar: el consumo masivo y la industria avanzan de manera fragmentada, los salarios reales continúan rezagados y hay debate sobre la metodología de medición del INDEC tras sus recientes cambios.
Mirada bonaerense
La provincia de Buenos Aires refleja una crisis persistente de representatividad y peso político que se arrastra desde hace décadas. Aun siendo el distrito más poblado y productivo -cerca del 45% del PBI nacional y un tercio de la población- su influencia en las negociaciones federales sigue siendo limitada y la discusión por los fondos de coparticipación es una constante a pesar del color político de los gobiernos de turnos, que sumado a la frágil situación de las arcas, dejan a PBA en un escenario de atraso de pagos y varios frentes de conflicto. A ello se suma, la interna del PJ bonaerense y las aspiraciones presidenciales del gobernador Axel Kicillof profundizan un escenario de tensiones y fragmentación.
En el plano internacional, el segundo mandato de Donald Trump domina el escenario global. En apenas un año, ha ejecutado acciones unilaterales de fuerte impacto: la intervención en Venezuela con la captura de Nicolás Maduro, presiones comerciales sobre China, exigencias militares a Europa y amenazas en distintos frentes. Este giro ha reconfigurado áreas de influencia, reinstalando una lógica de poder más directa y nacionalista, con un claro retroceso del multilateralismo.
La relación entre Argentina y Estados Unidos atraviesa su punto más alto en décadas. Milei y Trump sellaron un acuerdo comercial amplio que reduce aranceles, impulsa exportaciones y profundiza una alianza político-económica sin precedentes recientes. Este alineamiento, junto a apoyos financieros previos de Washington, fortaleció la estabilidad macroeconómica argentina y reposicionó al país como un socio central en la región.
En este escenario, el historiador Patricio Lons observa una continuidad en patrones históricos: la ausencia de objetivos civilizatorios compartidos desde el siglo XIX, crisis que se retroalimentan entre Nación y provincias y una producción con escaso valor agregado.
En conjunto, el escenario muestra una Argentina que combina avances institucionales y ciertos progresos macroeconómicos con debilidades políticas profundas, especialmente en Buenos Aires, mientras el nuevo orden internacional marcado por Trump redefine alianzas y equilibrios.
Patricio Lons
–¿Qué elementos de la coyuntura política y económica actual se repiten en la historia y qué hay realmente nuevo en este momento?
–La coyuntura política parece ser la misma desde 1810: falta de capacidad de gobernar, empobrecimiento de la moneda y carencia de objetivos para toda la comunidad. Por eso, cualquiera que se salga de los cánones de conducta esperables de un presidente parece ser algo nuevo e interesante, pero luego vemos que es la continuidad —con otros ropajes— de un proceso de destrucción iniciado con la secesión de la América española.
–¿La Argentina atraviesa un cambio de ciclo profundo o, como otras veces, una nueva versión de su lógica pendular?
–Estamos nuevamente en el péndulo típico de nuestra historia, carente de objetivos civilizatorios. La única discrepancia es entre proyectos ideológicos y culturales, pero ambos están alejados de nuestra tradición primordial española y grecorromana.
–Históricamente, ¿cómo impactan las crisis nacionales en la gobernabilidad de la provincia de Buenos Aires y qué paralelos hay en la actualidad?
–Las crisis nacionales se alimentan con las provinciales. Tanto en un ámbito como en el otro hay una carencia de objetivos para agregar valor a la producción. Esto ocurre desde tiempos inmemoriales. Desde la ruptura de la unidad continental con la secesión de América se perdió la cadena de valor agregado y nos hemos convertido en productores de materias primas con escaso valor agregado. Es una historia sin fin, alimentada por la ineficiencia y la deshonestidad de la política argentina.
–Desde la historia política, ¿la provincia de Buenos Aires sigue siendo el territorio donde se condensan y amplifican las crisis nacionales, o atraviesa una dinámica propia que la diferencia de otros momentos críticos?
–Si Buenos Aires se resfría, repercute en la salud económica de todo el país. Si eres gobernador de Buenos Aires, puedes terminar siendo candidato a la fórmula presidencial y presidir el Senado o la República, aunque las posibilidades de éxito son escasas. Solo Duhalde llegó a presidente. Se la conoce como la “maldición de Alsina”. Pero no veo un proyecto de civilización y desarrollo en nuestra provincia. No lo hay desde hace décadas. No veo un proyecto peronista en las provincias que dicen serlo. Acaba de cumplir 95 años María Estela Martínez de Perón, primera mujer presidente elegida por el pueblo y viuda del fundador del movimiento nacional justicialista. ¿Alguien me puede decir si algún gobernador le envió saludos a su residencia de Madrid? El último reconocimiento que recibió fue por parte de la Fundación Preserva España.
–¿Estamos ante una transición del orden mundial comparable a otros grandes quiebres históricos?
–Sí. Estamos ante fuertes cambios de paradigmas. El derecho internacional está por los suelos más que otras veces. Los pueblos están solos. Los políticos responden a cabildeos de poder, no a sus ciudadanos; estos ya no deciden nada y no pueden poner frenos al poder político. El riesgo de una guerra mundial se presenta como inevitable, aunque no lo sea, y el miedo se alimenta cada día.
–¿Trump es una anomalía personal o la expresión de un proceso histórico más profundo de repliegue nacionalista y crisis del multilateralismo?
–Trump pareciera tener un proyecto nacionalista, aunque lo que percibimos es la concentración de poder en un solo país. Esto nos pone en la línea de confrontación entre poderes fácticos y nacionales. No sé si Trump podrá imponer su voluntad para que su frontera norte llegue hasta el Polo, pero que va a amagar con presentar esa intención, ya lo está haciendo para, posiblemente, reducir sus aspiraciones.