Autoridades del Senado: la batalla oculta que va más allá de las sillas
El kirchnerismo quiere meterse en el control de la Secretaría Administrativa mientras continúa la disputa por la vicepresidencia primera y la jefatura del bloque oficialista. La presión de La Cámpora y la decisión de Magario de defender lugares estratégicos.
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El Senado bonaerense sigue sin definir autoridades y Fuerza Patria sin confirmar el presidente de bloque, en medio de una disputa que aparece estancada y a la que se suman cada vez más elementos de presión. La Cámpora busca horadar el poder de Verónica Magario con una intervención sobre la estratégica Secretaría Administrativa de la Cámara Alta. La vicegobernadora responde con la exigencia del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) para colocar en la vicepresidencia primera a alguien del espacio, mientras el kirchnerismo pretende quedarse con ese lugar y la comandancia de la bancada oficialista.
Así estaban las cosas en diciembre cuando se frustró la elección de autoridades tras la asunción de los nuevos legisladores. Así siguen por ahora, a la espera de que en febrero, antes del inicio de las sesiones ordinarias, se pueda encontrar el punto de equilibrio. Hay quienes señalan que ese tema debe resolverse en el mismo paquete de discusiones en torno a la elección de autoridades del Partido Justicialista Bonaerense. Pero cada vez gana más espacio la teoría de una discusión independiente de todos los otros temas inherentes a la interna del oficialismo provincial. De hecho, en La Cámpora sostenían al principio que el paquete era uno solo, ahora tienen otra postura.
Lo que comenzó por una discusión por las autoridades se extendió a sillas estratégicas en el manejo de la Cámara. La Cámpora quiere un lugar en la Secretaría Administrativa, y ha difundido su intención de apropiarse la silla que ocupa Roberto Feletti. “Piden lo máximo para quedarse con algo”, señalan desde el entorno de la vicegobernadora. Ese “algo” podría ser la Prosecretaría Administrativa, despacho ocupado por Martín Di Bella. Magario no tiene intención de entregar alguna de esas sillas y dejar en otras manos que no sean de su abosoluta confianza el manejo de los números. Tampoco parece permeable a ceder en la disputa por la vicepresidencia primera de la Cámara.
Quien ocupa la vicepresidencia del Senado no solamente es el segundo en la línea sucesoria detrás del vicegobernador, sino que también tiene algunas responsabilidades mayores a su par de Diputados. Por caso, preside las reuniones de Labor Parlamentaria. Magario pretende que el lugar lo ocupe Ayelén Durán. La senadora bahiense está alineada a Andrés “Cuervo” Larroque y el pedido de colocarla en ese lugar estratégico vino directamente del Ejecutivo, a través del ministro de Gobierno, Carlos Bianco. Pero, además, sería una tranquilidad para la vicegobernadora.
Sin embargo, Mario Ishii, con el acompañamiento del kirchnerismo y del Frente Renovador, exige ser él quien ocupe el lugar que tenía hasta diciembre el ahora diputado Luis Vivona. “A mí me lo prometió Cristina”, bramó Ishii en las ya lejanas discusiones previas y paralelas a la asunción. Fuentes del peronismo afirman que efectivamente Cristina Fernández le dijo al exintendente de José C. Paz que si llegaba al Senado tendría un rol protagónico y ahora Ishii aspira a cobrar ese pagaré y no es alguien que ceda en sus pretensiones sin nada a cambio. De hecho, habría conseguido la promesa de la expresidenta como retribución a su alejamiento de Axel Kicillof.
Por su parte, Sergio Berni tampoco está dispuesto a renunciar a su anhelo de comandar la mayoritaria bancada ofcialista. La presidencia del bloque es un lugar sensible que Teresa García supo llevar con tacto más allá de sus diferencias con el Ejecutivo y su alineamiento a los designios de Cristina. “A Teresa todos la respetaban, hasta los que no estaban de acuerdo con ella, pero ahora el bloque incluso es mucho más difícil, con algunos personajes que no son nada fáciles de conducir”, reconoció un legislador que mira la disputa con suma preocupación.
El estilo castrense de Berni se da de bruces con los modos habituales de un cuerpo colegiado de primus inter pares. En ese contexto tampoco está fácil la elección del presidente de bloque, cargo para el cual el kicillofismo ofrece a Germán Lago. El exintendente de Alberti es dialoguista y evita la sobrexposición. Le juega en contra la falta de experiencia legislativa y, fundamentalmente que el MDF junta menos manos que la alianza entre el kirchnerismo y el Frente Renovador.
Algunos, incluso Magario, pensaron en una salida por arriba. Apareció como una opción Adrián Santarelli, alineado a Martín Insaurralde y Federico Otermín (quienes aceitaron líneas de diálogo con el Gobernador sin dejar de lado la comunión con La Cámpora). Santarelli entiende que no es su momento, por un lado por algunas cuestiones personales, pero fundamentalmente porque es de los que cree que conducir esa bancada sería demasiado estresante.
Los tiempos se acortan y los reflectores se focalizan en la interna por el control del PJ bonaerense, pero en paralelo hay una cuestión trascendental por resolver el segundo poder del Estado provincial, que por ahora tiene en un escalón muy alto de la línea sucesoria al libertario blue Carlos Kikuchi, único vicepresidente en funciones tras el recambio legislativo.