POLITICOS EN PIJAMA
18/07
Desde General Arenales, Erica Revilla: "Soy una agradecida a la vida, más allá de todo el dolor, y disfruto mucho"
La jefa comunal recuerda las fiestas bajo ciertas particularidades. Entre el dolor y la pérdida, Erica asegura que hay que agradece día a día por los afectos que tiene. Además, relata con dulzura las experiencias con vecinos y pinta el pueblo de manera envidiable. 
Erica, la intendenta de General Arenales, pasó las fiestas entre conmutadores con sus padres. Actualmente resignifica cada festejo. Terminar la carrera de abogacía fue un regalo para sus padres, y entre el dolor y la pérdida encontró su vocación, las enseñanzas y el disfrute. 



- Tenés dos hijos, Tomás y Pilar. Contame un poco sobre ellos ¿Qué edades tienen? ¿Qué hacen?
 
Tomás tiene 21 años y Pilar 18, y los dos estudian abogacía en la Universidad de Rosario, al igual que mi esposo y yo, que nos recibimos ahí de abogados.


 
- ¿Qué recuerdos y sensaciones te trae que ellos hayan estudiado la misma carrera y en la misma universidad que vos?
 
Orgullo, porque soy egresada de la universidad pública y lo que yo viví y me enriquecí quiero que ellos también lo vivan, que tenga una educación como la que yo tuve. 
 
- ¿Qué suelen compartir en familia? ¿Suelen hablar sobre abogacía?
 
Hablamos de todo: de política, de la vida, tenemos muy buenas charlas los cuatro. Antes quizá no se daba que hubiera mucha comunicación de padres a hijos, yo tuve una hermosa familia, soy la única hija, y la verdad es que es muy enriquecedor el diálogo, porque es lindo escucharlos y ver cómo piensan, cómo sienten. Tienen mucha cultura general y son muy apasionados sin que con mi marido les impusiéramos ser de una ideología determinada, o ser fanáticos de un club, y se fue dando que son fanáticos de River, leyeron y estudiaron y consideran a Raúl Alfonsín en todo lo que tiene que ver con la democracia, todo lo que nos dejó como legado, como un verdadero estadista.


 
- Me hablabas sobre tu niñez, que sos hija única, contame un poco más
 

Sí. Me crié en una familia de clase media muy unida, muy pegada a mi mamá y a mi papá. Era una unión tal que íbamos juntos a todos lados. Mis viejos eran empleados telefónicos, los dos, mi mamá trabajaba de día y mi papá de noche. Mi mamá estaba desde las 7 de la mañana hasta la 1 y después entraba desde las 15 30 hasta las 19 horas, y mi papá entraba a las 12 de la noche hasta las 7 de la mañana, hacía horario nocturno. 

El recuerdo que tengo es que me envolvían en una frazada a las 7 de la mañana para hacer el cambio de guardia. Había conmutadores en la pared, tenías que desconectar un cablecito para conectar en otro número para poder comunicar. Así me crié yo, entre conmutadores y con una vivencia muy linda, pasando navidades y años nuevo a las 12 de la noche en Telefónica, en ese momento Entel. Con mucho sacrificio lograron que yo pudiera tener un estudio en el que, cuando me fui a Rosario, también trabajé, no quería que todo saliera del esfuerzo de mis viejos, sino que trabajé en varios lugares de moza, en shoppings tratando de ayudar a mi familia.
 
Cuando me faltaban pocas materias para recibirme, mi mamá fallece de un infarto, muy joven, a los 56 años, y me tuve que venir a mi localidad, donde mi mamá tenía un negocio y yo lo continué, porque tuvimos varios temas en la familia. Hace mucho tiempo que yo estaba de novia, y el año anterior a la muerte de mi mamá había fallecido el papá de mi novio, que era una gran familia donde también él, que ya se había recibido, se tuvo que hacer cargo de todos los negocios del padre, y yo lo vine a ayudar.
 
Cuando mi mamá fallece tan repentinamente, mi papá entró en depresión, y yo tuve que venir, y me quedé, formé familia con mi novio de toda la vida y al año nació Tomás. Ahí retomé la facultad, hacía muchos sacrificios, con mi papá había creado una compañía mutua, de salir a las 4 de la mañana a la facultad, almorzar y volverme. Después nació Pilar y a mí todavía me faltaban materias, porque con el trabajo y los chicos se me complicaba, tenía que viajar a Rosario porque las materias que me habían quedado se tenían que cursar incluso muchos días, porque tenían prácticas. 
 
Luego, mi papá se enferma de un cáncer, pero también fue muy repentino, porque empezó con un sangrado. Después de eso, dije que me tenía que recibir, con el sacrificio que mis papás habían hecho. Cuando él falleció, me puse ese mismo año y terminé de rendir las materias que me quedaban. Me recibí cerca de los 40 años, y cuando salí de la facultad me senté en las escalinatas, lo anhelaba mucho, era el deber cumplido por el esfuerzo, el sacrificio de mis viejos, pero también era algo con lo que había soñado toda la vida, desde chica soñé con ser abogada. 

Ahora no sé si los chicos tienen tan definidas las vocaciones, yo de chica lo tenía muy definido, pero me costó muchísimo sacrificio, esfuerzo, horas, angustias, porque tuve mucha pérdida en el medio, no lo pude disfrutar porque no lo hacía en su debido momento, porque trabajé, me pasaron todas estas cosas. 
 
Enseguida empecé a trabajar, mi marido ya era abogado, así que yo ya estaba en el estudio trabajando con él, pero no de abogada, me faltaba mi título. Después vino la concejalía en mi pueblo, empecé a trabajar también con eso, hice dos mandatos, en el segundo me preguntaron si no quería ser candidata a intendente, hubo internas y las gané, en el 2015 ganamos y en el 2019 me convertí en la primera mujer intendente en el distrito de Arenales, también con mucho sacrificio: me recorrí y caminé todo el distrito, como concejal y como intendente, yo dije "tengo que conocer mi distrito", así que lo caminé uno por uno los lugares, anoté en un cuaderno, y así hice todo el recorrido con la juventud, con gente que está hoy conmigo. Este es mi segundo mandato, pero venimos en medio de historias de dolor, hoy podemos decir que amamos lo que hacemos, yo disfruto mucho de la vida.
 
Aprendí mucho, porque además después me tocó pasar por una enfermedad fea. Tenía un fibroma muy grande y cuando me operan y lo mandan a analizar se dan cuenta que era un tumor maligno. Estuve con una serie de estudios hasta que después determinaron que estaba encapsulado, pero fue todo un proceso. Me senté con mi hijo, que en ese entonces tendría 11 o 12 años, no recuerdo bien, siempre trato de olvidar las cosas feas, y le dije "Vas a ver a tu mamá con un deterioro, pero la vamos a cuidar". 
 
Me fue bien, acá estoy hoy, re sana, re bien y feliz, disfrutando de la vida, por eso aprendí que no hay que hacerse tanta mala sangre y hay que dejar lo mejor de uno, porque estamos de paso. Lo que hago, lo hago con vocación, con cariño. A veces las cosas me salen, a veces no, lloro, me río, pero de eso se trata, de vivir, que es lo mejor que me puede pasar.
 
- ¿Cuánto tiempo estuviste con tratamiento hasta que descubrieron que el tumor estaba encapsulado?

Fue corto, un tiempo nada más, dos o tres meses en los que no llegué a rayos, porque fueron una serie de estudios, me hicieron varias biopsias hasta determinarlo, pero igualmente tuve que estar dos años, casi tres haciéndome estudios cada seis meses, con tomografías computadas y tomando medicación para prever que no se despertara nada en el cuerpo.
 
- Y además te queda el miedo
 
Sí, mucho, porque mis hijos eran chiquitos y yo ya había vivido la muerte muy de cerca. A mi mamá la vi muerta y no pude hacer nada, y a mi papá lo vi sufrir, entonces era complicado desde ese lugar. Soy una agradecida a la vida, más allá de todo el dolor, y disfruto mucho. Amo a mi marido, a mis hijos, no hay cosa más linda para mí que estar en familia, al igual que mis amigos, que son súper importantes, mis primas que son como mis hermanas. 
 
Los 24 (de diciembre) y los 31 (de diciembre) los reúno a todos en mi casa, porque digo que es la única fiesta en la que cocino, preparo la mesa. Es el único día del año que me puedo brindar a mi familia, entonces les digo a todos que disfruten de mi casa, de los afectos que son tan importantes.
 
- ¿Hay alguna comida específica que preparen todos los años?
 
No, cada uno aporta su cosita, hay asado, lechón, alguien hace la mayonesa, yo soy la de las empanadas, hago una cantidad increíble, otro trae sánguches para la entrada, siempre hay un encargado de cada cosa. Somos muchas primas por parte de mi mamá, somos una familia grande, y viene mi familia y la de mi marido. 


 
- Suele pasar que, al ser hijo o hija única, los primos se convierten en casi hermanos
 
Sí, cuando llegaba la Navidad y no podíamos estar todos juntos, me agarraba una angustia, porque cuando era chica yo era muy solitaria, a las 12 de la noche mi recuerdo es de ir a brindar a la oficina con mi papá, íbamos con el pan dulce y la sidra a levantar la copa. Mis hijos se desesperan cuando llegan a las fiestas, me preguntan "Mamá, no vamos a estar solos, ¿no?". Es más, tenía una vecina amiga a la que siempre invitábamos, yo llego a ver a una persona sola y me muero, la traigo a mi casa, es esa sensación de sentir que necesitás abrazar, son tan importantes los afectos en todos los momentos de la vida.
 
- Actualmente sos la única mujer intendenta de la oposición ¿Cómo lo vivís?
 
Sí, ¡de los 69 intendentes de la oposición, la única! Lo llevo bien porque me siento muy respetada, siento el cariño de los colegas, me siento parte de un equipo. Me gustaría que fuéramos más, que haya más mujeres intendentes, porque hace falta la mirada nuestra, suma mucho.
 
- ¿Alguna vez no te sentiste de esa manera? Sabemos que incluso hoy en día es muy complejo ocupar lugares de poder siendo mujer
 
La política es de hombres, es muy machista. Hay que patear puertas, hay que tener un carácter muy formado para hacerse respetar, yo me siento muy respetada y reconocida, tengo que decirlo. No puedo decir lo contrario, sería faltar a la verdad, sería injusta.
 
- ¿Crees que se dan amistades en la política o considerás que se trata de vínculos profesionales?
 
Depende cómo definamos la amistad. Para mí la amistad es contarme cosas muy profundas, muy personales. En la política uno puede reconocer, puede tener amigos, pero no de esos entrañables. Yo tengo amigos de la secundaria, ¡del jardín!, que son como mis hermanas. Me parece que en la política son otras cosas, son amigos del momento en los cuales tengo más afinidad, charlas, hay confianza. 
 
- ¿Y con tus amigos de la infancia te seguís juntando?
 
Sí, claro. Con mi amiga del jardín salgo de vacaciones, somos muy amigas, y sus hijos de mis hijos. También tengo un grupo de Whatsapp de los grupos de primaria y secundaria. Tengo muchos amigos, y con mi marido siempre priorizamos y le inculcamos a mis hijos eso. Siempre estuvimos en comisiones de las escuelas, en los clubes, en la iglesia, siempre participamos, somos muy sociables, trabajamos mucho en lo social, nos parece muy importante.
 
- ¿Solés ir a la iglesia?
 
No, trabajamos en un grupo, en la Juventud. Éramos un grupo de jóvenes e hicimos campamentos, hemos ido a pintar al niñito Jesús para juntar recursos, formábamos grupos de chicos para acampar, cantar en la iglesia la palabra de Dios, cosas que nos llenaban. Después también estuvimos en la Comisión de la escuela, durante 11 años colaboré como secretaria de la cooperadora, en cada fiesta íbamos a ayudar, hacíamos feria del plato, para colaborar con la escuela, al igual que con fútbol y hockey, del club de mis hijos, mi marido también fue presidente del club, y yo en su momento fui reina de su club. Vendíamos choripanes, estábamos en la entrada en la cantina, cobrábamos entrada, acompañábamos a nuestros hijos en clubes de barrio que necesitan fondos para sustentarse.


 
- ¿Qué es lo que más te gusta de General Arenales?
 
La gente. El distrito es maravilloso, no puedo hablar sólo de Arenales porque es todo el distrito: Arenales, Ascensión, Ferré, Arribeños, La Angelita, La Trinidad, ¡me matan si llego a decir sólo Arenales! 
 
Me gusta estar con la gente, el pueblo, en la vida de pueblo los chicos pueden andar en bicicleta. Acá las casas quedan abiertas, los autos y motos con las llaves puestas. Todavía hay una tranquilidad, y el aire puro que se respira, el verde. Salís a andar en bicicleta y caminás, te saludás con todo el mundo, vas a un super o almacén y charlás con el vecino, sentís la cercanía. Es muy lindo el afecto.
 
Cuando mi papá estaba mal, que mi marido estaba trabajando, yo siempre digo que el pueblo me cuidó a mis hijos, ellos eran chiquitos y yo estaba con mi papá en La Plata, y la madre de algún compañerito los cuidaba, hoy se quedaba en lo de Juan, mañana en lo de Pedro, me llamaban por teléfono para ver cómo estaba, qué necesitaba, eso no se cambia por nada. 
 
Pasa algo y está todo el pueblo ahí, te conocés, sabés quién vive en dónde, en un edificio quizá no te pasa eso. A mí me costó cuando estaba en Rosario estudiando, yo quizá iba por la calle y saludaba, porque yo soy re saludadora (risas), y no es la misma lógica, a lo mejor bajás en el ascensor y quizá no te hablaste con el de al lado en todo el viaje. Si salís a la puerta de tu casa, acá no podés no hablar con el que pasa. 
 
Una anécdota que tengo es que una vez salía de la municipalidad, preocupada como siempre, cansada, eran como las 4 o 5 de la tarde, y estaba con la cabeza gacha, pensando en todos los problemas.
 
La Municipalidad está en el centro de la plaza, justo en el medio, y salía caminando hacia el auto y siento que me gritan "¡Erica!", y eran unos chicos que estaban arriba de un árbol charlando, levanté la vista y los saludé, y ya me alegraron la tarde, ese afecto lo sentís.
 
Ahora no se puede, pero en el Municipio hay colonias de abuelos, entonces llegabas a la colonia y estaban todos bailando y te hacían bailar. Si estabas baja de energía, eso te levantaba, si tenías alguna angustia, algún problema. Lo mismo con la colonia de los chicos de capacidades diferentes. "¡Erica, Erica!" te gritaban, y te abrazaban, y el día ya estaba hecho. Ahí es cuando uno valora el lugar, lo que tiene. 
 
A veces las cosas no salen, pero cuando salen es tan lindo hacer el bien. Por ejemplo, entre tantas cosas que me marcaron mucho, hay una. Una parejita vino un día al despacho, yo los conocía pero no sabía que estaban juntos, y habían tenido mellizos, el nene había muerto en el parto así que sólo había quedado la nena. Como habían sido sietemesinos, a la nena le faltaba la alimentación parenteral. Estaban en Junín y en la clínica no los derivaban a otro lugar en La Plata donde se hacía ese tipo de alimentación, y ellos veían que la nena no progresaba, que bajaba cada vez más de peso, la pinchaban por todos lados, había tenido un montón de operaciones, y estaban angustiados, llorando.
 
Se me cayó el alma ese día que los recibí, eran jovencitos los dos, y yo pensaba ¿¡Qué puedo hacer!?, y ellos lo único que me pedían era que hablara con la mutual, que no los derivaba. Levanté el teléfono, los derivaron a La Plata, la nena empezó a tener la alimentación parenteral y hoy me la traen a la Municipalidad y entra corriendo. Es lo más maravilloso que te puede pasar en la vida, por eso amo estar en esos lugares. A veces da bronca que uno tenga que levantar el teléfono por estas cosas, pero si no hubiese estado, ¿Qué hubiese pasado?

Con el solo hecho de que esa criatura venga corriendo a darme un beso a la Municipalidad a darme un beso, ya estoy hecha. La mamá está embarazada otra vez, el otro día me la encontré caminando y la nena venía en bicicleta con su cola de pelo, tan bonita. Es maravilloso, porque esa nena a lo mejor hoy no estaría viviendo.


- ¿Cómo empezó tu militancia?


Desde muy chica, escuchando en los comités, aprendiendo. Cuando me fui a estudiar no estuve militando en mi facultad, porque trabajaba y necesitaba más tiempo, y cuando me vine al pueblo tuve mayor militancia. Si bien mi marido hoy no está en un cargo político, en ese momento estaba trabajando en un municipio, y yo desde afuera trabajé. En el 2001 estuve en un comedor, pero nunca busqué un cargo, no me interesaba tener un cargo político, pero siempre fui activa, tuve un comedor cuando los chicos necesitaban, con la Juventud Radical, y nunca le hicimos publicidad. Siempre trabajé desde lo social porque me gustaba y me gusta, y siempre escuché en los comité de la militancia, desde los 90.



Ahí está el porqué de uno se involucra, lo veo a nivel nacional y provincial, y lo veía también en mi ciudad, cuando uno dice "Yo no quiero esto, me tengo que involucrar y empezar a participar, no sólo por mí, sino por el futuro, por mis hijos, por lo que yo quiero", entonces dejo la queja de lado y me pongo a trabajar.


- ¿Cómo es tu día a día?


Soy una adicta al trabajo, estoy las 24 horas permanentemente activa, siempre con el teléfono. Hago visitas, voy a la Municipalidad, estoy toda la mañana. Mi rutina empieza muy temprano, a las 6 ya empiezo a mirar todos los medios, leo en el celular todo lo del día y después voy a la Municipalidad, a veces hasta las 3, 4 de la tarde, depende la actividad, y de ahí me voy a alguna reunión de los pueblos, de recorrida, o voy a hacer alguna visita, y vuelvo a la noche. Ahora con la pandemia, en muchas oportunidades hago mucho Zoom a la tarde. Es todo el día, todo el día y el teléfono todo el día, en mi casa se respira política permanentemente. 


- ¿Cómo es el acompañamiento en tu casa? porque a veces es lógico que sea complejo trabajar tanto tiempo


Toda la vida fue así, hay acompañamiento, hablamos mucho de política así que es parte de nuestra vida, lo llevamos en la sangre.


- ¿Qué te gustaría estar haciendo en 5 años? ¿Cómo te ves?


Hoy soy vicepresidenta del partido, de la UCR, y lo que uno siempre espera es trabajar y estar en la mejor construcción para lograr que este país salga adelante. Donde el partido quiere que esté, donde la gente quiera que esté, yo voy a estar. Siempre voy a seguir trabajando porque es mi pasión, es lo que me gusta, entrego todo. Voy a estar dispuesta para lo que me necesiten.