En el mundo del espectáculo argentino, el éxito no siempre garantiza estabilidad. Algunos actores y artistas atravesaron la situación de calle en su infancia o juventud, mientras que otros, con largas trayectorias o notoriedad mediática, enfrentaron una vulnerabilidad económica tan severa que estuvieron al borde de quedarse sin techo o lo vivieron de lleno.
Abel Ayala, el actor conocido por El Polaquito (2003) y por su papel de César en El Marginal nació en La Plata en 1988. Se crió con sus abuelos en Berazategui. A los 9 años se fue de la casa y vivió en la calle, principalmente en la estación de Constitución, donde vendía caramelos en los trenes. Tiempo después, asistentes sociales lo derivaron a un hogar de niños en Moreno. Fue allí donde el director Juan Carlos Desanzo lo descubrió para protagonizar El Polaquito, película que cambió su vida.
Roly Serrano, reconocido por papeles en El Marginal, Nueve reinas y numerosas obras, vivió en la calle entre los 13 y los 15 años aproximadamente. Tras sufrir maltratos físicos de sus tíos, se escapó de esa casa. Dormía a la intemperie, hacía changas y llegó a comer cartón para calmar el hambre. Él mismo lo relató: “Viví en la calle y comí cartón para calmar el dolor de estómago”. El arte y el apoyo de personas que lo ayudaron le permitieron salir adelante.
Andrea Rincón contó que durante su adolescencia vivió en la calle. Tras pelearse con su padre, se fue de la casa, durmió en plazas, revolvió tachos de basura para comer y se bañaba en estaciones de servicio para poder ir a la escuela. Esa etapa de carencias la marcó antes de que explotara mediáticamente.
Jorge Martínez, el histórico galán de telenovelas como La extraña dama, Verónica, el rostro del amor y El extraño retorno de Diana Salazar no vivió literalmente en la calle, pero llegó a una situación de extrema vulnerabilidad económica y de salud. Tras problemas financieros y deterioros de salud, pasó por un geriátrico y desde 2023 reside en la Casa del Teatro, la institución que alberga a artistas mayores de 65 años sin recursos ni vivienda.
Pablo Alarcón tiene su propia casa, pero atravesó una precariedad económica muy fuerte. En 2023 salió a hacer teatro “a la gorra” en Plaza Francia porque no podía pagar facturas básicas
Zulma Lobato, la figura mediática y artista, conocida por sus apariciones en programas de Crónica TV. Desde los 13 años trabajó en empleos precarios (cartonera, limpieza, comercio). En los últimos años enfrentó una crisis habitacional grave: vivió en condiciones de miseria (su vivienda fue encontrada llena de basura, insectos y excrementos), estuvo al borde del desalojo en varias ocasiones y, según reportes de 2026, quedó en situación de calle, durmiendo en estaciones de tren, hospitales y universidades. Lanzó pedidos públicos de ayuda para alquilar una habitación y no separarse de su perra, a la que considera como una hija. Amigos y seguidores organizaron colectas para asistirla.
Estos relatos muestran dos realidades distintas: por un lado, la calle vivida en la infancia o adolescencia; por otro, la vulnerabilidad económica de la adultez y la vejez. Detrás de muchos nombres reconocidos hay historias de superación, pero también de un sistema que no siempre protege a quienes dedicaron su vida al arte o a la farándula.