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Viernes, 29 mayo 2026
Argentina
29 de mayo de 2026
EN ROJO
Por Sebastián Lalaurette

Familias en el infierno de la deuda

Los números son abrumadores, pero no tanto como la realidad que vive cada vez más gente. La espiral de deuda crece y más del 11 % de los hogares no puede pagar. Hay episodios de violencia. ¿Y la solución?. Cómo será el plan del Banco Nación para rescatar a los endeudados

Familias en el infierno de la deuda
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Ocurrió hace un mes, en Munro, una de las localidades menos glamorosas de Vicente López, el mismo distrito donde se encuentra la quinta presidencial de Olivos. Desesperada por el peso enloquecedor de la deuda, una mujer había pedido plata en todos los bancos que tenía a su alcance, no había podido pagar, y había tenido que recurrir a prestamistas a los que tampoco pudo pagarles. Y ellos, para hacerse del dinero, la secuestraron. Hicieron llamados amenazantes a su familia, que pidió pruebas de vida antes de dejar el dinero (un millón y medio de pesos) en un lugar indicado por la banda.

La historia tuvo final “feliz”, porque la familia llevó el dinero, pero los delincuentes no lo fueron a buscar y liberaron a la mujer sana y salva. Igual los atraparon, y todo indica que quedarán presos. Pero la pesadilla cotidiana de la deuda no desaparece. La alocada situación que vivió esta mujer no difiere mucho de la que atraviesa muchísima gente que, aplastada por la inflación y lo magro de sus ingresos, tiene que endeudarse cada vez más, a tasas cada vez más imposibles de pagar. 

La cosa se fue de madre hace rato. La morosidad de las familias argentinas en general y las bonaerenses en particular es récord. Los últimos datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) revelan que sólo en el sistema financiero formal el índice se cuadruplicó en el último año, pasando del 3,3% a más del 11%. 

Y el problema se registra en todos los niveles: la gente está en mora con los bancos, con las billeteras virtuales, con las financieras de avisos coloridos en la tele y en la vía pública. Para peor, a medida que se baja por esa escalera las tasas van creciendo.

Un peldaño más abajo de las financieras de publicidades alegres están los usureros que no reportan a nadie ni siguen ninguna ley. Porque, así como el Fondo Monetario Internacional (FMI) es el prestamista de última instancia para los países, en las veredas de la provincia de Buenos Aires ese papel lo cumple un prestamista literal, sin aditivos sintácticos. 

El oficio atraviesa un boom en medio de una crisis económica que no da respiro. Y la espiral de deuda que se ensancha por momentos trae aparejada su dosis de violencia. Sin llegar necesariamente al secuestro extorsivo, son muchas las situaciones violentas que estallan cuando un deudor no puede pagar, advirtió la semana pasada el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, y puntualizó que estos usureros “son personas que están vinculadas a delitos”. De esos delitos proviene el dinero que prestan, explicó. 

El economista liberal Gustavo Lázzari, hijo de la recordada Lita de, contó en una entrevista televisiva que ya hay personas que les piden a sus jefes que las echen del trabajo, no por falta de afección al mismo o por mala relación con sus compañeros, sino porque la indemnización es la única entrada de dinero con la que pueden contar para pagar sus deudas. La anécdota se aplica, por supuesto, solamente a los trabajadores que están en blanco; la otra mitad no tiene ni siquiera esa alternativa.

El problema es tan grave que en el Congreso de la Nación hay una treintena de proyectos que buscan atacarlo desde diferentes ángulos. También hay varios programas oficiales que apuntan a desendeudar a colectivos especialmente desfavorecidos. Por ahora nadie ha propuesto una amnistía general, una especie de default colectivo que le permita a la gente empezar de nuevo. Por cierto, Marcelo Galperín no está dispuesto a hacer nada parecido: Mercado Pago, una de sus empresas, endureció su política hacia los morosos (la compañía presta dinero a altas tasas a través de algo llamado Mercado Crédito) y dejará a quienes no paguen sin acceso a hacer o recibir transferencias, a comprar o vender por Mercado Libre y, por supuesto, a tomar nuevos préstamos. 

Es poco probable que el gobierno nacional tome cartas en el asunto. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, ya avisó que el Estado no saldrá al rescate de las familias endeudadas. Y el ministro de Economía, Luis Caputo, dijo que el aumento en la morosidad se debe a que la gente “se sobreendeudó a tasas muy altas pensando que, como siempre, el dólar se iba a disparar y la inflación también, y eso los iba a licuar. Y eso no pasó”. Es decir, apostaron al dólar y perdieron.

Medidas para el mientras tanto

Mientras se debate cómo resolver el problema de fondo, el gobierno bonaerense lanzó dos iniciativas para aliviar el peso de la deuda en sectores específicos. 

En primer lugar, la Agencia de Recaudación Buenos Aires (ARBA) y el Instituto de Previsión Social (IPS) lanzaron un plan para desendeudar a los jubilados que deben cuotas del impuesto inmobiliario. Se trata de acciones territoriales que consisten en ir a buscar a los jubilados que pueden acceder a exenciones y descuentos, pero no lo saben, para facilitarles la tramitación de manera que tengan que pagar menos. 

Otro plan fue lanzado por el ministerio de Hábitat, que comanda Silvina Batakis. Está orientado a las familias que recibieron viviendas a través del programa HogarBA, y consiste en una modificación del cálculo, cambiando el coeficiente propio que se utilizaba hasta ahora por Unidades de Vivienda (UVI). 

Este programa también crea un plan de pagos para quienes estén atrasados en el cumplimiento de las cuotas HogarBA. La idea es descargar algo del peso de esta deuda y también recuperar parte de la inversión hecha por la Provincia, estimulando a las 
familias a volver a pagar.

La frialdad de los números y el ardor de las emociones

Sería difícil exagerar la magnitud del problema del endeudamiento de los hogares argentinos. El nivel de morosidad de las familias argentinas en el sistema bancario alcanzó en marzo su nivel más alto en más de veinte años: un 11,5% estaban en mora, una cifra que no se alcanzaba desde 2004 y que no fue tan alta ni siquiera en la pandemia de COVID-19. 
El índice se cuadruplicó en un solo año, ya que en marzo de 2025 era del 3,3%.“La morosidad récord muestra que cada vez más familias tienen dificultades para sostener sus gastos y cumplir con sus compromisos. Detrás de este dato hay hogares que hacen cuentas todos los días, que recortan gastos y que viven con más incertidumbre sobre cómo llegar a fin de mes”, dijo el diputado nacional Nicolás Trotta (UxP), promotor del Índice de Vulnerabilidad Familiar del Congreso (IVFC), que en febrero de este año alcanzó los 5,1 puntos. 

Las billeteras virtuales, cuyo uso es cada vez más popular, también registran niveles récord de morosidad: se estima alrededor de un 29% en marzo. El fenómeno tiene que ver con una degradación de los ingresos que lleva a un cambio en el motivo para contraer las deudas. Las familias se endeudan para comprar alimentos, un fenómeno que antes era raro. 

En su informe más reciente, la consultora Reputación Digital, que comanda José Norte Sosa, lo define con claridad: “La deuda ya no financia consumo: hoy financia supervivencia”. El trabajo permite indagar en los sentimientos que provoca en la gente el peso de las deudas. A través del método de Social Listening (monitoreo de conversaciones en redes sociales), Reputación Digital detectó un nivel “crítico” de negatividad en las alusiones al tema. La compañía elaboró un detalle de las emociones involucradas en la conversación digital sobre la morosidad de las familias y determinó que predomina la ira (35,4% de las intervenciones), seguida por la confianza y el miedo en porcentajes casi idénticos (18,2 y 18,1 respectivamente). Les siguen la tristeza y la sorpresa. 

La red de ilegalidad que impera en los barrios, donde todo es peor

El ahogo financiero que provoca el endeudamiento castiga a las familias de clase media y media baja, pero en los barrios populares, donde el acceso al crédito formal directamente no existe, todo toma un cariz más perverso. 

“En el territorio hay todo un mercado de financiamiento ilegal”, dijo a La Tecla la secretaria gremial de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP), Johanna Duarte. “La gente recurre a usureros que le prestan plata pero le cobran un interés del 80% mensual. Es un círculo vicioso del cual es muy difícil salir. Y cuando no se puede pagar, aparecen situaciones de violencia”, agregó.

Duarte constata lo que afirmó hace poco el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso: detrás de ese mecanismo de usura muchas veces está el negocio del narcotráfico. “El Estado no existe en el territorio. Y cuando el Estado se corre, la ilegalidad avanza a pasos agigantados. Ahí aparece el narco, de dos maneras. Una, como proveedor del dinero que se presta a tasas usurarias; dos, reclutando a jóvenes para trabajar y poder pagar las deudas de su familia”, detalló la dirigente. “Y hay todo un sistema de complicidad por parte de las fuerzas de seguridad”.

La precariedad siempre estuvo ahí, pero, según Duarte, ahora todo es peor: antes la gente se endeudaba para comprar alguna herramienta de trabajo para hacer una changa, por ejemplo, mientras que ahora se pide dinero para comprar comida. Incluso en algunos barrios se registra el retorno del trueque: hay ferias con puestos donde no se venden productos sino que se canjea, por ejemplo, ropa por alimentos. 

La referente de la UTEP formuló, además, una crítica a la política en general y al peronismo en particular por no tomar registro de la verdadera situación de la gente. “El peronismo tiene una deuda con el pueblo: interpretar a una sociedad en la que el 50% de los trabajadores están fuera de la economía formal”, subrayó.

Un aluvión de proyectos que buscan poner coto al caos de las familias 

En la Legislatura bonaerense hay dos proyectos que buscan atender la situación de las familias agobiadas por las deudas. Ambos proponen modificar 
la actual Ley 13.133, que defiende a los consumidores y usuarios, para incorporar la figura del consumidor sobreendeudado. 

Uno de ellos, escrito por la diputada Silvina Vaccarezza (UCR + Cambio Federal), busca limitar el acoso que sufren quienes contrajeron deudas por fuera del sistema bancario, poniendo un coto a los abusos en en las cobranzas extrajudiciales. 
“Más allá de la deuda en sí, yo creo que esto llega a perturbar la salud mental”, explicó la legisladora. “Conozco a gente que realmente la está pasando mal. Los cobradores los llaman por teléfono a cualquier hora, incluso los fines de semana; llaman a sus familiares y amigos, los van a buscar a todos lados. Este proyecto no plantea el incumplimiento de la obligación, sino que los reclamos se den en un marco razonable”, apuntó.

Otra iniciativa, presentada por la diputada Ana Luz Balor (Fuerza Patria), establece un sistma de mediaciones gratuitas para renegociar las deudas y suspender los juicios de embargo. Es similar a algunos de los casi treinta proyectos presentados en el Congreso de la Nación para crear este tipo de sistema a nivel nacional. Estas iniciativas contemplan, entre otras cosas, mecanismos de reestructuración de las deudas de las familias, tanto con bancos como con empresas fintech. 

Otro proyecto en danza en el Congreso es el que busca crear la plataforma DesendeudAR, bajo la órbita de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), para que tanto los deudores como los acreedores se inscriban y formalicen en ese espacio digital acuerdos para modificar las condiciones de pago de las deudas.

El Banco Nación para rescatar a los endeudados


Frente al fuerte aumento de la morosidad en créditos y tarjetas, el Banco Nación anunció un plan de asistencia para personas endeudadas que incluye tanto a clientes propios como a usuarios de otras entidades financieras y fintech. La medida surge en un contexto donde los atrasos en los pagos alcanzaron niveles récord dentro del sistema bancario.

Según datos del Banco Central, la mora total llegó al 7% en marzo, mientras que en el segmento de familias alcanzó el 11,5%. A pesar de esos números, el presidente del BCRA, Santiago Bausili, había sostenido días atrás que la situación “se resolvería sola” y descartó rescates generales para deudores. Sin embargo, el Nación avanzó con una estrategia propia de refinanciación y consolidación de pasivos.

El paquete presentado por la entidad contempla préstamos para unificar deudas con otros bancos y billeteras virtuales, con tasas más bajas que las del mercado. La línea ofrece financiamiento de hasta $100 millones, plazos de hasta 72 meses y una tasa nominal anual del 65%. El objetivo oficial es captar clientes afectados por las altas tasas y el crecimiento de la mora en el sector fintech, donde el nivel de incumplimiento ronda el 30%.

Además, el Banco Nación habilitó un esquema especial para refinanciar saldos impagos de tarjetas de crédito. Los clientes con hasta 90 días de atraso podrán acceder a planes de hasta 60 cuotas y una tasa nominal anual del 35%, mientras que quienes superen ese plazo podrán negociar alternativas de financiación de hasta 96 meses, sujetas a evaluación crediticia.

Con estas medidas, el Nación busca posicionarse frente al resto de las entidades financieras y empujar una mayor competencia en los planes de refinanciación. Desde el banco sostienen que sus niveles de mora se mantienen por debajo del promedio del sistema, en un escenario donde el endeudamiento de hogares se convirtió en una de las principales preocupaciones económicas.

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